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AMANO YAKU

 

Huérfano, aunque tuvo suerte de no ser vendido como esclavo durante su niñez, fue en cambio adoptado por un monje borracho que lo amamantaba a base de licor de arroz rebajado con agua. Paso su infancia limpiándole las vomitonas al viejo, era un perdido de la bebida que se preocupaba poco por el niño, olvidándose a veces de darle de comer y pegándole a menudo.


A la edad de 4 años empezó su entrenamiento marcial, al ser el viejo una persona hosca y tosca su método era invariablemente duro e inflexible: los castigos físicos eran habituales y las humillaciones constantes.

Ese trato bestial moldeó la personalidad de Amano hasta convertirlo en una persona resentida con todo (como el viejo esperaba que ocurriera).


A los 10 años el hígado del viejo reventó durante una lluviosa noche y Amano vagó durante horas hasta que encontró el solitario templo de Xi-Yu en medio del monte. Allí le dieron cobijo y trajeron el cadáver de su viejo maestro al que honraron con una ceremonia adecuada.


Al no tener donde ir Amano se quedó en el templo donde el contacto con otros niños y con personas de karma equilibrado suavizaron su carácter, aunque siempre le quedó un resquicio de rabia que salía a la superficie en los combates, incluso en los de entrenamiento suave.


En un principio los monjes pensaron que una persona con este desequilibrio no podría alcanzar el nirvana y lo único que haría en el templo seria destruir su armonía, por lo que acordaron su expulsión. Y así hubiera ocurrido de no ser por el testimonio del lama Choi Wong.


Según el lama vio con sus ojos como el joven Amano rodeado de los cantos de otros monjes y de la paz de la sala de meditación entraba en un extraño trance en el cual relataba escenas pasadas de la vida del templo. Al acercarse para ver el fenómeno mejor, Amano comenzó a relatar un episodio de la niñez de Choi, algo que sólo el propio Choi recordaba.


Gracias a poseer este extraño don, Amano no fue expulsado inmediatamente sino que fue puesto bajo la tutela de Choi con la esperanza de que el lama le ayudara a equilibrar su karma.


Choi eligió vagar con su discípulo por China para enseñarle el mundo, al mismo tiempo que le instruía en el dominio de la fuerza interior. Estos viajes eran combinados con estancias en templos donde podía competir con otros luchadores y probar su control sobre sí mismo. Aunque Amano consiguió grandes progresos en diversas habilidades nunca consiguió un control aceptable de su rabia que siempre salía en cualquier combate.

Llegó el momento en el que el discípulo y el maestro se separaron por acuerdo mutuo, pues había cosas que el discípulo debía aprender por sí solo, y el maestro, aun siendo vigoroso ya no tenía la fuerza de antaño. En este momento Amano contaba con 23 años, 13 de los cuales estuvo bajo la tutela del paciente Choi, con lo que los lazos entre los dos eran fuertes. Así pues, Amano prometió volver al templo de Xi-Yu para que se le reconociese como maestro del estilo de la Avispa.

Durante el periplo en solitario de Amano, éste tuvo ocasión de ganar algo de dinero en torneos de artes marciales, donde sus habilidades de manejo del chi causaron admiración y en algunos casos envidia.

Un asunto que ni el mismo Choi pudo entender fue la naturaleza de las visiones que aleatoriamente asaltan a Amano con imágenes del pasado o el futuro. Pese a haber visitado a muchos sabios, nadie ha sabido explicarlo. Recientemente Amano ha oído hablar del santo Payu, "El que todo lo conoce por formar parte del todo"; el problema es que nadie conoce su paradero.


Si algún día espera ascender al nirvana Amano deberá controlar su rabia, algo en lo que actualmente está poniendo mucho empeño. Pese a todo no es probable que se pueda contener si se cruzase con un miembro de la familia de su primer maestro: esta familia se distingue por su sello con forma de loto de color azul.